En México se tiene un altísimo índice de mortandad empresarial, el cual podría verse disminuido de forma sustancial si al menos quien decide emprender un negocio, o quien ya lo tiene, se preocupara por entrenarse en diversas técnicas de gestión y desarrollo de empresas.

Dirigir un negocio no es tarea fácil, sobre todo si tomamos en cuenta que quienes lo hacen en su inmensa mayoría, no son expertos en el manejo de estrategias para la correcta gestión y desarrollo de un empresa; son personas que, por su experiencia previa, han logrado desarrollar habilidades técnicas (que no estratégicas) para realizar algún tipo de actividad, es decir, quien abre un negocio es alguien como “Doña Juanita”, que es muy buena para cocinar y todo aquel que prueba alguno de sus platillos queda deleitado y después de prodigarle toda clase de halagos, invariablemente viene el clásico “debería poner un restaurante” o tal vez alguien como “el Ing. López”, quien destaca por su habilidad para  reparar computadoras y constantemente recibe “consejos” como “qué haces trabajando para esa empresa, yo que tú, me independizaba; ganarías mucho más”. ¿Te suena esto familiar?.

Evidentemente, pero, ¿qué sabe Doña Juanita o el Ing. López de calcular su punto de equilibrio, técnicas para acelerar su flujo de efectivo, realizar un plan de negocios que funcione, hacer marketing para vender de conformidad con su plan, mantener motivado y capacitado a su equipo de trabajo, mantener satisfechos a sus clientes para que le compren una y otra vez, etc.?. Por increíble que parezca, no tienen ni idea de lo que esto significa para la supervivencia de su negocio.

Abrir y dirigir un negocio, es una responsabilidad que va mucho más allá de sólo arriesgar tu dinero; tienes una responsabilidad para con tu familia, para con tus empleados, para con la sociedad y para contigo mismo; por eso, en mi opinión y basándome en mi experiencia de haber trabajado con muchos dueños de negocio, deberías incluir en tu proyección financiera, una partida para capacitación y entrenamiento en negocios que te permita complementar tus habilidades técnicas con habilidades estratégicas y de gestión de empresas de la misma forma que consideras invertir en mobiliario, equipo, empleados, etc. Para dar mayor relevancia a este entrenamiento empresarial que te sugiero, es importante conocer algunos datos que nos permitan contextualizar lo fundamental que se vuelve esta ayuda externa para dirigir efectivamente cualquier empresa, sin importar su tamaño, y que te plantees las siguientes preguntas:

¿Cuántos años podré sobrevivir? 

Es importante que sepas que en México, antes de cumplir el primer año, el 40% de las micro, pequeñas y me­dianas empresas (MiPyMEs) ya cerró. El 50% fracasa a los dos años, al cabo de cinco años, más del 80% ya dejó de existir, y a los 10 años, sólo llega a sobrevivir el uno por ciento.

En otras partes del mundo como Ja­pón y gran parte de Europa, la expecta­tiva de vida promedio de todas las em­presas, de cualquier tamaño y/o giro, es de sólo 12.5 años. Y esto sucede incluso en los Estados Unidos. Las consecuencias son verdadera­mente dramáticas, pues entre las edades de las empresas longevas y las actua­les, existe una brecha que representa el potencial desperdiciado por compañías exitosas en otros aspectos. La afectación e incluso devastación de las vidas de los dueños, trabajadores, comunidades y economías es consecuencia de tanta mor­tandad. De hecho, es antinatural una tasa de mortalidad tan alta. Es como si la expec­tativa de vida de un ser humano común y corriente fuera de menos de 10 años.

¿Cuáles son las causas?

Básicamente podemos clasificarlas en dos grandes grupos: en primer lugar, quienes dirigen las empresas, en la mayoría de los casos se enfocan exclusivamente a producir y tratar de vender bienes y servicios con el fin último de generar utilidades, y se olvidan de que la organización es una comunidad de seres humanos que se encuentran em­pleados para generarse un ingreso dig­no y buscar su desarrollo. Esto da lugar a organizaciones que operan como má­quinas y no como una comunidad de seres humanos. En segundo lugar, la falta de una cultura empresarial del dueño o de quien dirige el negocio, entendiendo ésta en tres aspectos fundamentales:

1.- Falta de una verdadera formación profesional.

2.- Ausencia de una visión amplia de negocios.

3.- Empirismo en el manejo del ne­gocio (se adquiere experiencia por medio del acierto y error).

¿Afecta el desempleo?

Esta situación se vuelve más apre­miante cuando las personas que se ven orilladas a emprender o a iniciar un micronegocio llegan a cumplir la edad de 40 años. Entonces, los 40 se vuelven una preocupación, pues la mayor parte del trabajo en todo el mundo lo realizan personas de entre 20 y 40 años de edad. Basta decir que el máximo de ingresos se obtiene antes de los 40, siendo la edad óptima para lograrlo entre los 18 y los 35 años. Las consecuencias de no encontrar trabajo a los cuarenta se ven reflejadas en frustración, desesperación, depre­sión y una baja autoestima. Entonces, uno acepta lo que sea con el ingreso que sea. En las mujeres, esta situación co­mienza a los 35 años. Cabe mencionar que el 70% de las ofertas de empleo son para personas menores a 35 años. Profundizando un poco más, la Red Mexicana para el Empleo Juvenil ha concluido que en los próximos 18 años, 20 millones de jóvenes se incorporarán a la población económicamente activa (PEA). Por lo cual, 62 millones de mexi­canos competirán por espacios labora­les (actualmente son 44 millones). Está claro que, a pesar de los esfuerzos del presente gobierno, las actuales fuentes de empleo son insuficientes. Pero, ¿qué se necesita para crear más fuentes de em­pleo?, la respuesta, parece obvia: generar más fuentes de trabajo. Sin embargo, que el Gobierno abra más plazas no es la solu­ción, aunque algunos crean que esta pue­de ser una alternativa. La iniciativa privada podría ser una opción, pero ante un mercado tan com­petitivo, a no ser por los grandes corpo­rativos, tampoco se ve como algo viable, al menos en el contexto actual.

¿Qué otros caminos quedan?; ¡Abrir nuevos negocios y emprender! 

Las personas que ingresan al sec­tor informal ganan, en promedio, 25% más que los que laboran en empresas legalmente establecidas, y además, no pagan impuestos. ¿Es esto emprender? La respuesta también parece obvia, pero si lo piensas por un momento, ir del desempleo al subempleo es un factor de superviven­cia, no de emprendimiento. Quien participa desde la economía informal no es un emprendedor, o lo es a medias, ya que le faltan dos elementos básicos: compromiso y visión. Por un lado, el COMPROMISO que se hace al emprender es con uno mismo, con un equipo de colaboradores, con la familia y con la sociedad en general. También está claro que cada negocio nuevo y legal contribuye al  enriquecimiento del país, mientras que los integrantes de la economía informal trabajan organizados, pero no en equipo. No generan riqueza para nuestro país. Por otra parte, está la VISIÓN. Un miembro de la economía informal hoy vende una cosa y mañana otra, posiblemente ilegal. Por lo tanto, le falta la visión indispensable para el éxito emprendedor. Le falta visión para construir una empresa sólida mediante métodos de trabajo y estrategias empresariales efectivas. Visión es la diferencia entre un “changarro” y una empresa. 

El entrenamiento en los negocios es la única forma efectiva y probada de mantener y hacer crecer tu empresa, de manera que te invito a que tomes acción inmediata y no permitas que tu proyecto pase a engrosar las estadísticas de mortandad empresarial.

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