Había una vez un pueblito pintoresco. Era un buen lugar para vivir salvo por un problema. El pueblo no tenía agua a menos de que lloviera. A fin de solucionar este problema de una vez y para siempre, los pobladores más antiguos decidieron realizar un contrato con el objetivo de ser provistos de agua a diario.

Dos personas se ofrecieron en forma voluntaria para realizar la tarea, y los antiguos pobladores los contrataron a ambos. Pensaron que un poco de competencia mantendría los precios bajos y aseguraría el suministro de agua.

La primera de las dos personas a la que se adjudicó el contrato, Juan, corrió inmediatamente a comprar dos baldes de acero galvanizado y comenzó a correr de aquí para allá por el camino hacia el lago, el cual estaba a un kilómetro de distancia. Inmediatamente empezó a ganar dinero trabajando desde la mañana hasta el anochecer acarreando agua desde el lago con sus dos baldes.

El segundo ganador, Pedro, desapareció por un tiempo. Nadie lo vio durante meses, lo cual hizo muy feliz a Juan ya que no tenía competencia. Juan estaba ganando todo el dinero. Juan los vaciaba en el enorme tanque contenedor de concreto que el pueblo había construido. Cada mañana tenía que levantarse antes de que el resto del pueblo se despertara, a fin de asegurarse que habría suficiente cantidad de agua para cuando el pueblo lo requiriera. Era un trabajo duro, pero estaba muy feliz por estar ganando dinero y por tener uno de los contratos exclusivos para este negocio.

En vez de comprar dos baldes para competir con Juan, Pedro había trazado un plan de negocios, creó una corporación, encontró cuatro inversionistas, contrató un gerente para hacer el trabajo y regreso seis meses después con un equipo de construcción. Al cabo de un año, su equipo había construido una tubería de acero inoxidable de gran tamaño que conectaba el pueblo con el lago.

Al momento de celebrar la inauguración, Pedro anunció que el agua era más pura que la de Juan. Pedro sabía que habían existido quejas debido a la suciedad del agua de Juan. Pedro también anuncio que podría proveer al pueblo con agua las veinticuatro horas del día, siete días a la semana. Juan sólo podía proveer agua los días hábiles pues él no trabaja los fines de semana. Luego Pedro anunció que cobraría un 75% menos que Juan por esta agua de mejor calidad y fuente más fiable. El pueblo ovacionó y de inmediato corrieron hacia los grifos que conectaban a la tubería de Pedro.

A fin de competir, Juan bajó de inmediato sus precios un 75%, compró dos baldes más, les puso tapas y comenzó a acarrear cuatro baldes por viaje. A fin de prestar un mejor servicio, contrató a sus dos hijos para que lo ayudaran por la noche y los fines de semana. Cuando sus muchachos se marcharon a la universidad, Juan les dijo: “Terminen pronto sus carreras porque algún día este negocio será de ustedes”. Por alguna razón, sus hijos nunca regresaron de la universidad…

Juan tuvo empleados en forma eventual y tuvo problemas gremiales. El gremio demandaba mayores salarios, mejores beneficios, y quería que sus miembros sólo acarreasen un balde por vez.

Por otra parte, Pedro se dio cuenta de que si este pueblo necesitaba agua, otros también podrían necesitarla. Volvió a trazar el plan de su negocio y salió a vender su sistema de distribución de agua pura, de alta velocidad, gran caudal y bajo costo, por todos los pueblos del mundo. Él gana apenas un centavo por balde de agua entregada, pero entrega miles de millones de agua todos los días, sin importar si trabajaba o no. Pedro había desarrollado una tubería que le entregaba dinero a él al mismo tiempo que agua a los pueblos.

Pedro vivió feliz por siempre y Juan trabajó muy duro por el resto de su vida y siempre tuvo problemas financieros. Fin.”

Y tú, ¿estás construyendo tuberías (empresario) o sólo acarreas baldes de agua (auto empleado)?

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